Hablábamos de tener hijos y mi amiga estaba convencida de que ella iba a tener mala suerte en eso. Cree que ha tenido ya demasiada buena fortuna en la vida: naciendo en España, con una famillia maravillosa… nunca le ha faltado el trabajo, ni la salud ni el amor y, por lo tanto, cree que una especie de Justicia Natural debería equilibrar la balanza y hacer que algo le salga más.
Me pareció un extraño sentido de la justicia el suyo, pero, pensándolo bien me di cuenta de que este sentido abstracto de lo que es justo o no es, en realidad, bastante común. Creemos en una Justicia natural y universal que es sencilla y generosa: la gente buena merece cosas buenas, el esfuerzo merece recompensa, el que ya ha sufrido no merece que le vuelva a tocar sufrir. Pero también es egoísta: yo que llevo años preparando una oposición, no solo merezco aprobar, sino que lo merezco más que tú, que apenas te esfuerzas. Si ya te han pasado demasiadas cosas buenas, tampoco es justo, que a los demás también nos toca…
Además, también tiene escalas: es más justo lo que se gana con esfuerzo que lo que la naturaleza te regala, es más justo conseguir lo que se lleva largo tiempo esperando…
Sin embargo, no funciona así la cosa, lo sabemos. Lo que le toca vivir a uno (donde nace, su físico, su inteligencia, sus oportunidades en la vida) dependen de la suerte, del azar, de Dios, y de lo que uno mismo hace… No hay un cupo de cosas buenas equilibrado con un cupo de cosas malas. No existe esa justicia natural que creemos merecer, en la que nos consolamos o con la que nos desahogamos (cuando decimos, “no es justo”). Por eso hay personas a las que les pasan cosas tan terribles como morir de hambre.
Sin entender nada de leyes, supongo que muchas veces la Justicia humana trata de compensar esa Injusticia natural: protegiendo los Derechos fundamentales de las personas, y también sus Derechos ciudadanos.
Así, es lógico que cuando una persona ha sido víctima de una gran injusticia del destino – nacer en un país pobre, o en guerra, por ejemplo- la Justicia humana trate de ser ella misma quien equilibre la balanza: acogiéndole en un país, dándole unos derechos y tratando de asegurr su dignidad como persona.
Cierto amigo mío dice “no es justo, mi hijo tiene más derecho a ir a la guardería que el niño inmigrante al que reservan la plaza”. Me gustaría que pensara en esto de las grandes injusticias naturales. Yo le diría, “no, querido, lo que no es justo es que por su nacimiento haya personas condenadas a una vida de pobreza, sufrimiento o marginación. Lo que no es justo es que los seres humanos no hagamos nada para equilibrar la balanza“.
- la imagen ha sido toma del blog La gata de la Lonja (http://jbensa.wordpress.com/2007/09/26/el-caso-fujimori-hipotesis-sobre-lo-que-se-viene/)

Enhorabuena, me parece muy interesante esta reflexión sobre la Justicia. Yo también he oido, incluso alguna vez he pensado, cosas parecidas a las que dice tu amigo sobre las guarderías. Pero tienes razón en que debería haber cosas que están por encima de nuestros derechos civiles: los derechos humanos y la solidaridad entre las personas me parecen buenos ejemplos.
Qué razón tienes en tu punto final, que no hagamos nada por equilibrar la balanza.
Porque siempre caen los tsunamis, los terremotos y demás en esos países menos favorecidos. ¿Desastres naturales o grandes consecuencias por no poder tener unas mínimas estructuras?
Está claro, no? Mira las consecuencias del terremoto de Haití comparadas con el de Japón. La naturaleza, en este caso, ha contribuidoa “desigualar” aún más, no a compensar
Hola,he recibido el enlace de tu blog via Facebook gracias a cercadeafrica,y te felicito por tu reflexión sobre la justicia.
Un saludo.
Supongo que todos las pensamos, no? Alguien dijo en este blog que es muy facil ser solidarios cuando nos toca de lejos…