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Archive for 25 diciembre 2009

Unos 20 días tiene ya el artículo de la polémica, y en el transcurso de los mismos me he encontrado con tantos defensores entusiasmados por la brillantez de la pluma de su autor, como detractores indignados por la irreverencia de la misma.

Ya sabéis que soy oenegera convencida, pero también crítica con el modelo de solidaridad que promueven (listo para consumir). Así que he tratado de escuchar a unos y otros, de analizar lo que Sánchez -Dragó afirma en este texto, desde que alguien me recomendó leerlo bien antes de rechazar sus afirmaciones o, simplemente, de odiarlo como fue mi primer impulso provocado por su estilo insolente y provocador.

Al final no he encontrado más que un absoluto desprecio hacia la labor de las ONG y de los cooperantes voluntarios, una simplificación de sus motivaciones y una gran falta de sensibilidad. Así que, veamos, punto por punto, insulto  por insulto, lo que el escritor, viajero y periodista (como se dice en su columna) escribe en su artículo Gorrones sin fronteras acerca de los tres cooperantes secuestrados en Mauritania:

  • Pijos, porque basta verlos, saber quiénes son sus papis y pasar lista a los enchufes de los que viven. Pues vale, serán pijos. Por mí como si son hippies. ¿Qué tendrá que ver con el tema en cuestión? ¿o es solo un intento de insulto gratuito traído por la única razón de que estas personas no despiertan sus simpatías?
  • Caraduras, porque jeta de granito hay que tener para asegurar que es la misericordia -solidaridad, la llaman. Jerga progre- lo que los mueve. ¡Oh, cuánto sacrificio! ¡Qué entereza de ánimo la que los lleva a arrostrar las penalidades del turismo de aventura! Pues a mí me parece que sí hay que tener entereza de ánimo para elegir pasar tu tiempo en un camión que circula por pueblecitos africanos, viendo miseria y peligro, en lugar de un resort en algún destino exótico. Especialmente si, como dice Dragó, eres un pijo y puedes permitirte ciertos lujos. ¿y qué es entonces la solidaridad? Si no le parecen bien las ONG y no le parece bien el apoyo del gobierno a las ONG y no le parecen bien las personas que apoyan de forma voluntaria a las ONG (ni siquiera cuando ponen su vida en peligro para ello), ¿dejamos la solidaridad solo para esas instituciones solventes de cuya existencia también duda? Triste mundo, entonces.
  • Gilipollas, porque lo es en grado sumo todo el que piense que con unos cuantos camiones cargados de alubias, chocolatinas y preservativos va a sacar de apuros a millones de personas gobernadas por sinvergüenzas. Son éstos quienes se quedan con el cepillo. No conozco a ninguna ONG, ni grande ni pequeña, que se crea que con la pequeña medida de sus acciones vayan a sacar de apuros a millones de personas. Más bien al contrario. Para ellos cada persona a la que se puede ayudar es un pequeño triunfo, y a la vez un fracaso por no tener fuerzas para llegar más allá. Por lo tanto… Gilipollas será el que se crea que las ONG o los cooperantes son tan gilipollas como para creer que con una caravana solidaria salvan el mundo.
  • Y aunque así no fuese, ¿no sería más lógico cargar la ayuda en un mercante y entregarla en los puertos de destino a cualquier institución solvente (si existiera, lo que es dudoso) o depositarla en las huchas del Domund? Tres cuartas partes, como mínimo, del dinero recaudado por las oenegés laicas van a parar al pozo de los gastos de gestión y al sumidero de la corrupción. Añadan a eso los del viajecito de treinta y tantas personas -¡treinta y tantas!- enviadas desde Cataluña, a todo tren, a tan lejanos parajes y echen cuentas. ¿Es que no hay aquí pobres sin intermediarios a la vuelta de cualquier esquina? Y si el donante los prefiere de raza negra o circuncisos y con chilaba por mor del exotismo, no han de faltarle. Por supuesto que ser solidario con África desde Cataluña es mucho más caro, en costes de gestión (aunque me encantaría saber de dónde ha sacado el dato sobre los gastos…), que serlo con el barrio de Raval. Por supuesto también que a la vuelta de cada esquina hay personas que necesitan ayuda. ¿Quiere decir eso que la cooperación internacional, la cooperación al desarrollo son un lujo mientras en nuestro país existan personas que pasan hambre, duermen en la calle o sufren la pobreza o la exclusión social? Espero que no muchos piensen como Sánchez Dragó. Si solo es buena la “solidaridad que no necesita intermediarios”, ¿quién será solidario con África? Ah, no, que la solidaridad no existe!
  • En cuanto a lo de gorrones… Yo también me pongo a veces ridículos chalecos de coronel Tapioca, pero los pago de mi bolsillo. Parece sentarle muy mal a este señor que a los cooperantes voluntarios se les pague el viaje (sobre todo con fondos, en gran medida, de origen público). A todo tren, dice en el párrafo de más arriba… Un gorrón es una persona que se aprovecha de los demás, que vive bien a costa ajena, ¿no? Me parece bastante distorsionador de la realidad pensar que lo que ha motivado a estas personas a recorrer miles de kilómetros, ver y pasar penalidades y poner sus vidas en peligro (como se ha demostrado) es su deseo de viajar gratis…

En fin, yo no tengo ni su cultura, ni su prosa deslumbrante, ni su inteligencia… Me gustaría que, puesto que desconfía tanto de la labor de las ONG, nos diga cómo aquellos que lo deseen pueden ayudar a personas que están lejos sin merecer sus insultos.

La imagen ha sido tomada de la página web de Acció Solidaria

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¿Mejor que no te meneen?

Algo he oído y leído del efecto menéame sobre los blogs y páginas web cuyas entradas llegan a la tan codiciada portada de Menéame. Efecto que repercute directamente sobre el tráfico de una página, su número de seguidores, su popularidad… e incluso algunos hablan de las repercusiones sobre la inversión publicitaria.

Personalmente, creo que el efecto menéame puede ser algo bastante bueno para un bloguero, sobre todo si éste está interesado en llegar a  y relacionarse con un público cada vez más amplio. Desde el otro punto de vista, el del lector, Menéame es un espacio único para informarse y compartir información. Pero el efecto menéame puede no ser bueno para todo el mundo, ya que no tiene solo consecuencias cuantitativas, sino también cualitativas, sobre un página/ blog y sobre sus autores.

Abrí este blog sin muchas pretensiones. Para ir plasmando las ideas que me rondan la cabeza y poder compartirlas con otros, debatir con ellos, que me enseñen aquellos que saben sobre un tema, que me muestren otros puntos de vista. No es muy original, tal vez no aporte mucho a otros internautas, pero tampoco lo pretendo. Y todo ello aceptando una premisa que me parece fundamental en este mundillo: hay que estar abierto a las críticas, aprender de ellas y del debate que se pueda generar con personas que piensan totalmente diferente a ti…

Sin embargo…Un buen día, mi amiga Alicia escribió un post para Quieroentenderelmundo. A alguien le gustó y lo meneó. Así llegó el efecto menéame a un blog que hasta entonces solo leían mis amigos y los amigos de mis amigos. Algunos de los comentarios elogiaban a Alicia y su post. Otros le rebatían con argumentos lo que ella había defendido. También hubo quien, así, como el que no quiere la cosa, la llamó boba. Pero en conjunto fue divertido, entablé conversaciones muy interesantes con algunas personas y conocí sus propios blogs. Lo del aumento del número de visitas, me hizo ilusión, para qué negarlo, pero es lo de menos, cada uno tenemos que aceptar nuestras limitaciones y este blog y yo nunca tendremos miles de fans, así que no podemos tampoco ponernos esa meta.

Desde entonces, de vez en cuando alguien menea mis post. Post que, insisto, no son noticias, ni mensajes de doctrina que quiero llevar al mundo. Son reflexiones modestas de mesa de café… Y aquí llega la explicación a lo que he dicho antes de que menéame tiene también efectos cualitativos… sobre todo los comentarios que dejan las personas, claro:

Positivos, sobre todo porque aprendes:

–          Cuando alguien añade una información interesante a lo que tú has dicho

–          Cuando alguien rebate con argumentos lo que has dicho

–          Cuando directamente critican lo que has dicho (a mí me pasa mucho…): poco original, aburrido…

Negativos, sobre todo porque te ofenden:

–          Cuando dan por supuesto que el post lo has meneado tú directamente para autopromocionarte (no sé por qué, pero esto me molesta especialmente)

–          Cuando menosprecian tu forma de pensar, muestran una falta tremenda de respeto o te insultan…Supongo que, entre otras cosas, porque piensas que has sido tú el que ha meneado tu propio post.

Hoy me ha escrito un amigo. “Te han meneado el post de ayer. Te están dando cera, hija, para eso, mejor que no te meneen”. “Va, no sé, cada uno que diga lo que quiera. Es a lo que te expones cuando tienes un blog. Yo intentaré quedarme con lo bueno”, le he respondido.

Joder, pero no puedo evitar cabrearme leyendo algunos comentarios… Efectos psicológicos de un meneo. Y digo ¿qué pasa cuando alguien no escribe para que le meneen? Es como estar en una playa en bikini: unos te miran porque les gustas, otros porque tu cuerpo es horrible, otros solo porque estás allí. Pero ¿qué pasa si alguien te hace una foto y la proyecta en una pantalla? Que entonces todos te miran, y además te criticarán por haberte dejado hacer una foto, o les encantará… Lo mismo pasa cuando tienes un blog en la red: que estás en bikini y unos y otros te pueden mirar. Pero cuando te menean, te proyectan en una pantalla gigante y se multiplicarán por 20 las ganas de la gente de opinar sobre lo que ven…

Y me he quedado pensando ¿mejor que no me meneen porque no me gustan algunas de las cosas que leo? Tengo varias opciones.

– dejar de mirar “la pantalla”: no leer los comentarios si alguna vez alguien vuelve a menearme.

– ponerme a dieta para gustar más: tratar de escribir a gusto del consumidor (aunque no creo que supiera)

– ponerme un abrigo para que nadie me mire: salir de la red.

-seguir en la playa, con mis amigos y los amigos de mis amigos, escuchando a unos y a otros. Creo que me quedo con éste. Y los que vengan a hablar con nosotros, bienvenidos sean.

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¿Qué has hecho hoy?

Por suerte, en el mundo hay muchas personas de grandes ideales. Personas que defienden (defendemos) la Solidaridad, la Igualdad, la Justicia, el cuidado del Medioambiente, todas con mayúsculas. Personas a las que se nos saltan las lágrimas ante el sufrimiento ajeno. Yo conozco a muchas personas así. Yo soy así.

Por desgracia, muchas son también como yo, idealistas inactivas: Al tratar de resumir este año en 365 palabras, no encuentro ningún acto con el que yo pueda haber contribuido a conseguir tan altos ideales comunes para este mundo. Y por un largo rato no he sabido decirme por qué: ¿Por qué, si estoy convencida en lo más hondo de mi ser, de que todos los seres humanos somos iguales y merecemos los mismas oportunidades, no he dado si quiera un paso en todo el año para lograrlo? Me he preguntado ¿te has manifestado por los derechos humanos? ¿Cuántas horas has invertido en voluntariado con personas necesitadas? ¿Has hecho alguna renuncia en tu  nivel de vida para ayudar a otro? ¿Has plantado algún árbol? Y muchas otras preguntas del estilo. La respuesta a todas ellas ha sido NO. Entonces, para tratar de encontrar el por qué,  he probado a hacerme una pregunta mucho más sencilla: ¿Qué has hecho hoy? La respuesta: levantarme, desayunar, trabajar, volver a casa, leer el correo. No parece muy de provecho para el bien común…

Pero, ¡un momento! ¡No puede ser! Algo bueno habré hecho, algo que haya hecho feliz a alguien ¿Ser amable cuenta?… y he razonado: esta semana también he escrito un email a mis amigos diciéndoles que ha sido un año estupendo a su lado. He dicho a mi marido que le quiero. He ido a dar un paseo con mi madre. No es mucho, pero consuela pensar que al menos, el primer paso lo he dado: cuidar a los que tengo cerca.

Sin embargo, este post me ha hecho pensar. Los años solo son una sucesión de días y, en 2010, me haré muchos días la misma pregunta ¿qué has hecho hoy? A ver qué pasa. A ver si la respuesta me satisface más.

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El mundo de la publicidad comercial siempre ha tenido de fondo un viejo debate sobre si lo que vemos en los anuncios es un reflejo de la sociedad- de sus valores, de sus estilos de vida- o si es la publicidad la que, junto a otros fenómenos- crea y difunde estos valores. Es bastante obvio que de las dos cosas hay:

1. Por una parte, los públicos a los que van dirigidos los anuncios tienen que sentirse identificados con lo que están viendo y, por tanto, los valores y estilos de vida están reflejados en los spots de todas las épocas. Por ejemplo, este anuncio de Soberano que por mucho que miro no deja de horrorizarme, en su época (los 60, creo) no llamó especialmente la atención.

2. Por otra parte, la publicidad promueve estos valores, ayuda a la configuración de nuestra realidad, la transforma. Es aspiracional: queremos ser como lo que vemos en los anuncios.

En el fondo del asunto está la cuestión de la responsabilidad comunicadora: una marca no puede salir en un medio diciendo lo que le dé la gana, sea esto reflejo de lo que pasa en la sociedad o no. Los consumidores no se lo permitirían, e incluso el propio sector anunciante vela por ello. Porque las marcas tienen detrás empresas, y las empresas tienen personas que toman decisiones. Y cuando una marca refleja en su publicidad unos determinados valores, lo que nos están diciendo es “esta marca es así, defiende y contribuye a estas ideas”.

Pero ¿es eso verdad? ¿nos lo creemos? En los últimos años, la publicidad es cada vez más de marca y menos de producto: cada vez vemos menos los productos en los anuncios, que se han convertido en una declaración de valores por parte de las marcas en muchísimas ocasiones, mientras que los productos que venden quedan relegados a un segundo plano.  Estos anuncios nos gustan, promueven bonitas ideas de solidaridad, altruismo, amistad, ecología… Pero no podemos olvidar lo que hay detrás: los intereses comerciales. Por supuesto que toda empresa debe intentar defender estos intereses, pero mi pregunta es: ¿resulta ético que una empresa diga que defiende la ética con el fin de vender más?

Aquí, de nuevo, tengo sentimientos encontrados. Porque habrá casos en los que, al defender estos valores, las empresas se estén obligando a ser mejores, a ser más responsables en sus actuaciones.  Y a la vez están ayudando a difundir valores positivos. El mejor ejemplo que se me ocurre es de Carrefour “Bolsas Caca”. Se le ha criticado mucho a la empresa por salir con este mensaje, montar una campaña espectacular de retirada de bolsas en sus centros, mientras todos los productos de sus lineales aparecen embasados en bandejitas de plástico. Pero desde que salió este anuncio cada vez oigo a más gente decir “no, no me dé bolsa, gracias” al hacer sus compras.

Sin embargo, hay otros muchos casos en los que me queda un gran vacío, un interrogante final… no me lo creo. No encuentro la conexión entre la marca y el valor que dicen promover. Solo veo un anunciante aprovechándose de una corriente social positiva. Te he traído cuatro ejemplos. Dime si no te pasa lo mismo:

1. Mercedes Benz. 1440. Que viene a decir “aprovecha bien tu tiempo, es un regalo”

2. Mercedes, Clase B, mi amiga Nerea. Su mensaje es que todos somos iguales

3. Coca Cola. ¿Qué le diría el hombre más viejo al bebé más joven?

4. Fotoprix, perfect photos for an imperfect Word

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De los siete, el único que no tengo es el de la gula. Y el que más dañino me parece es el de la soberbia: “En casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros”.

Muchas veces he pensado que las religiones encierran terribles contradicciones. Por una parte, han originado guerras, odio, segregación… Por otra, han dado origen a normas morales y éticas que posibilitan la convivencia humana, basadas muchas veces en el respeto al otro. Todo esto he estado pensando esta semana al hilo de lo que ha pasado en Suiza (aquí os dejo una reflexión interesante sobre el tema) y de eso otro, lo de los signos religiosos en los edificios públicos.

Aunque no se trate de ideas originales, el mérito de las religiones puede haber sido el convertir ciertas normas morales en mandatos religiosos, ayudando no solo a su cumplimiento (por la vía de la coacción, la fuerza o el miedo, muchas veces) sino a su propagación y pervivencia a lo largo de los siglos. Así, ateos de nuestros días tenemos muchas creencias interiorizadas– que respetamos aún sin tener miedo al infierno- que proceden de la moral religiosa aunque, como digo, su origen puede ser mucho anterior y su base no es otra que el intento de conciliar la propia naturaleza humana individual con la naturaleza humana social: como la lista de siete pecados sociales que el Vaticano ha sumado recientemente. Estoy hablando, por ejemplo del no matarás, del no robarás o del honrarás a tu padre y a tu madre (me dejo por el camino todos aquellos que me parecen bastante menos útiles para la convivencia social). Y por supuesto, de los siete pecados capitales.

Pero, digo yo, ¿tiene algún sentido que nos atormentemos por poseerlos o es luchar contra la propia naturaleza humana de una forma, por tanto, antinatural? Porque ¿acaso no tenemos todos un poco de pecadores capitales en nuestro interior?  ¿Estamos ante una de las más antiguas trampas sociales para “contener” a los seres humanos o, como creo, necesitamos de estas trampas sociales para asegurar un mínimo de convivencia pacífica? O, tercera opción: como decía Alicia en este blog: la gente es buena, estoy equivocada, solo soy yo la que sufro de soberbia y por eso me tengo que controlar.

A lo mejor algún filósofo, algún teólogo o simplemente, alguna persona que tenga ganas, puede darme algún punto de vista al que no llego…

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