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Archive for the ‘Estrellas invitadas’ Category

Gabriela Cárdenas, estrella invitada, nos da su visión sobre la guerrilla y el narcotráfico colombianos y cómo se viven en estos hechos en el primer mundo.

En éstos días ha salido tangencialmente en la prensa española el “asunto” de la liberación de rehenes por parte de la FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – grupo guerrillero de origen campesino nacido por los años 60), pero tan tangencialmente que realmente dudo mucho que al público llegue a dimensionar el “asunto” en su justa medida.

Baste mencionar que uno de los liberados es un sargento del ejército de Colombia que lleva 13 años (no, no hay error son exactamente trece años) en poder de este grupo guerrillero, durante este tiempo ha dejado atrás su juventud temprana y ha entrado en la adultez tal y como puede verse en esta galería de fotos, que son las pocas a las que probablemente ha tenido acceso la familia en todos estos años: (http://www.elespectador.com/noticias/paz/galeria-pablo-emilio-moncayo-el-secuestrado-mas-antiguo-delmundo).

Por experiencia propia puedo decir que el secuestro es la prueba más dura de cuantas puede pasar un ser humano en la vida, hubo quien cuando yo atravesaba una situación similar (aunque no equiparable, lo de mi familiar duró tan solo un mes) me decía que debía ser como tener a alguien cercano en la UCI de un hospital, pero puedo aseguraros que no es  así. Cuando alguien muy querido está en esas condiciones al menos tienes el consuelo de que hay profesionales a su alrededor tratando de hacer todo lo posible por su bienestar. Cuando alguien está secuestrado, presupones  todo lo contrario de quienes le rodean, y eso es muy doloroso.

España entera se moviliza cuando secuestran a un grupo de cooperantes en África, todo el mundo está implicado y se ponen todos los medios de que se dispone para solucionar la situación. Pero en Colombia este flagelo es tan antiguo y tiene tamañas proporciones (http://www.semana.com/noticias-nacion/fin-cuantos-secuestrados/122992.aspx) que, por supuesto, no es noticia muy relevante que vayan a soltar a un simple soldado, a pesar de que este lleve más de un tercio de su vida en la selva y contra su voluntad.

Además cuando se analiza el secuestro en Colombia, que ha sido una de las estrategias de guerra de todos los grupos ilegales a lo largo ya de bastantes años, se olvida retroceder en la cadena de causas y efectos. Porque normalmente lo que sucede en Colombia es una cosa demasiado compleja y antigua como para hacerse una idea fácil. Normalmente, el ciudadano medio europeo se limita a recordar que ese es un país donde se produce la mayor parte de la cocaína que se consume en el primer mundo. Pero no se pregunta por qué este país en especial ostenta ese poco digno record (y otros no menos dignos como ser el primer país del mundo en desplazados internos, el segundo en minas antipersonales y etc.) y qué efectos tiene este hecho para su economía, política, sociedad y, lo más importante aún, para sus gentes. En el ideario colectivo lo grave del narcotráfico es que hay muchos europeos y estadounidenses con problemas de drogadicción, es decir, que lo importante es la salud de estos habitantes del primer mundo.

Se olvida que la droga no es solamente un problema de salud para quienes lo consumen, sino de vida para quienes están en medio de su producción y distribución porque, vamos a ver, ¿cuántos muertos, desplazados, secuestrados hay en Colombia que son resultado de un conflicto alimentado con recursos del narcotráfico? ¿Somos realmente los culpables los colombianos? ¿Porque en teoría de la demanda – para todos aquellos que estudiaron economía esto les sonará familiar- se dice que es esta la que crea la oferta, pero en el análisis del narcotráfico la cosa se nos muestra al revés?

Así que me planteo el porqué de esto… y me surge una idea: el eurocentrismo o el ombligocentrismo siendo más exactos, ese tipo de egoísmo social que nos hace ver los problemas solamente desde nuestra óptica y, por tanto,  los efectos solamente como aquellos que recaen en nosotros mismos.

Porque estamos sordos a testimonios como los que podemos escuchar en este reportaje, donde una hija no es capaz de mantenerse serena mientras lee la carta en la que su padre le relata las dificultades y penurias por la que atraviesa en su condición de secuestrado (http://static.elespectador.com/especiales/2009/05/a4528ce56b1f6e912c596332c18297f5/a3.htm ).

Gabriela Cárdenas

Imagen tomada de http://nocomunicado.blogspot.com/2006/01/sin-novedad-en-el-frente-audiovisual.html

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Hoy tenemos una nueva reflexión por cortesía de una estrella invitada que se estrena, Gabriela Cárdenas. ¿Somos capaces de ser solidarios cuando afecta a nuestra seguridad? ¿y a nuestra comodidad?

He acabado hace unos días de leerme un libro que me transportó  a través del tiempo y la distancia a la Barcelona del Medioevo. Una época que me imagino oscura, tanto por el escenario (calles empedradas, estrechas, sucias, poco higiénicas…) como por lo que llegaba a las mentes de sus gentes (la iglesia lo dominaba todo, así que cualquiera que los contradijese era un hereje y podía acabar en la hoguera). La historia tiene algo de inverosímil, porque es difícil imaginar que una persona en esa época pueda acabar cumpliendo el famoso “sueño americano” y pasando de ser un desamparado, desarrapado, a ser un rico prohombre de la ciudad. Sin embargo, atrapa por lo que tiene de superación personal, cómo a pesar de las condiciones de partida, de los contratiempos y zancadillas de la vida, consigue al final construirse una vida ajustada a él mismo. En cualquier caso, lo que más me llamó la atención fue la descripción que hacían de la solidaridad de Barcelona para con sus “ciudadanos” (no todos claro, los judíos, moros y etc., estaban fuera de esta categoría, pero bueno… algo es algo). La forma en la que a la llamada de la “host” acudirán todos, armados y dispuestos a defender sus derechos frente a cualquiera que quisiera usurparlos.

¿Somos ahora igual de solidarios? Creo que no, y creo que ese egoísmo está minando en parte lo que nos define como personas sociales, entendidas como aquellas que formamos parte de la sociedad.

En los mismos días en que leía esta historia, alrededor de una mesa, en medio de un ejercicio de Ingles, la profesora nos preguntó si habíamos sufrido o  sido testigos de un robo y se interesó por nuestra reacción. De las seis personas que estábamos alrededor de la mesa, fui la única que dijo que si veía a un ladrón intentando aprovecharse de un pobre incauto hubiese hecho algo por alertarlo. Los demás lo consideraron arriesgado. Que lo es, lo sé… no me considero especialmente valiente, al contrario. Pero tampoco me gusta ser testigo de la injusticia y no ser capaz de decir nada, la solidaridad que demuestras con los demás la considero una responsabilidad. Y me gustaría que si me están robando (por mencionar un evento digamos, no extremadamente grave) alguien se solidarice conmigo y me avise, no que todos desvíen sus miradas hacia otro lado y literalmente hagan de la vista gorda.

Si nos comportamos así en situaciones leves, como los hurtos pequeños de los que todos hemos sido víctimas en el metro ¿Qué se puede esperar de nosotros en situaciones peores? Lo peor.

Porque esto me lleva al recuerdo de un hecho bastante más “feo”, me lleva a la percepción que se ha construido en Colombia alrededor de los desplazados internos del conflicto armado (Colombia tiene alrededor de 4 millones de personas en situación de desplazamiento forzado).

Un cierto día, que había cogido un transporte público en Bogotá, veo que el conductor se desvía de su ruta y empieza  zigzaguear por la ciudad. Preguntado por todos los pasajeros de la razón de esta inusual ruta nos responde que un grupo de desplazados están manifestándose en la plaza X y que está intentando esquivarla. Esta respuesta origina la siguiente reacción en una persona (mujer, 40 años, clase media, probablemente habitante de la ciudad toda su vida) “!!pero esta gente!!! ¡!Que dejen se ser vagos y se pongan a hacer algo!!! ¡!Que trabajen y nos dejen trabajar a todos!!!” os puedo asegurar que este comentario es prácticamente literal, porque me golpeó de frente … lo único que pude fue pensar “seguramente tú desde la comodidad de tu vida en esta ciudad nunca has visto como llegan personas armadas a tu casa, matan a tus seres queridos, se llevan lo poco que tienes de valor y si has tenido la suerte de escapar con vida, de pronto de encuentras con que no tienes a donde volver, que no tienes nada y que no tienes a nadie para ayudarte. Seguramente no has experimentado ni la décima parte de su dolor, desesperación y desarraigo”.

Me indignó tanta ignorancia, insolidaridad y falta de empatía.

Pero no me sorprendió porque al igual que mis compañeros de clase de inglés, reaccionó como reaccionamos muchos, egoístamente, poniéndonos a NOSOTROS en primerísimo lugar.

Creemos que hemos avanzado con respecto a la edad media, pero hemos perdido lo que tenían los barceloneses de esa época, la capacidad de reacción colectiva para luchar por los derechos de uno de nosotros.

Gabriela Cárdenas

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Un nuevo post de mi estrella invitada más fiel. A.C reflexiona sobre las conductas racistas en la vida cotidiana y nos ayuda a que hagamos lo mismo.

… mi piso no se lo alquilaría a un sudamericano o a un marroquí; no quiero que me destrocen el piso o que los vecinos se quejen porque tienen la música a todo volumen día y noche.

… prefiero contratar a un español porque por lo menos “hablamos el mismo idioma”.

¡Cuántas veces no habré escuchado estas frases! Lo preocupante es que, en las últimas semanas, estas afirmaciones han sido pronunciadas por personas de mi entorno, que siempre he considerado tolerantes y abiertas.

Me entristece, pero sobre todo me asusta, pensar que se generalicen este tipo de actitudes en nuestra sociedad.  Parece ser que la crisis puede provocar un incremento de las actitudes racistas. Según Carlos Giménez, catedrático de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), entre un 10% y un 12% de la población española tiene actitudes “muy excluyentes y adversas” hacia la inmigración y que otro porcentaje similar es muy abierto, tolerante y cosmopolita. La franja de población que más le preocupa es el resto (casi el 80%), que muestra “recelos” ante el hecho migratorio.

No obstante, parece ser que los españoles se han solidarizado rápidamente con el desastre de Haití; incluso hay alguna organización que ya ha llegado a recaudar casi un millón de euros para invertirlo en ayuda y reconstrucción. A mi alrededor no paro de oír frases como “¡qué terrible!” o “pobre gente” o “he llegado hasta a llorar”.

Pues bien, yo me pregunto: ¿le alquilarías tu casa a una haitiana y su familia si inmigrasen a España? ¿contratarías a algún miembro de esa familia en tu empresa?

La próxima vez que vayáis a contratar una persona o alquilar vuestro piso a alguien, os propongo que no evaluéis a las personas por su raza, etnia o país de origen, sino con hechos objetivos que garanticen que la persona que seleccionéis pueda cumplir con el contrato:

  • ¿Tiene ingresos suficientes para pagarme el alquiler y la fianza?
  • ¿Tiene la formación, las competencias y habilidades que requiere el puesto?

Creo que es humano tener miedo a grupos o personas diferentes a nosotros, a cosas desconocidas. Sin embargo, merece la pena sustituir los prejuicios y los estereotipos por la comprensión y la tolerancia. Así no sólo no discriminaréis, sino que os y nos enriqueceréis.

A.C

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Esta reflexión es un regalo para Quiero Entender el Mundo de Anna, una bloguera mexicana con cuyo pensamiento he descubierto tener muchos puntos en común. Esto de la aldea global es una maravilla.

El Padrino. By Anna

Buscando ampliar mi cultura cinematográfica, hace unos días estuve viendo “El Padrino”; la película de Francis Ford Coppola basada en la novela homónima de Mario Puzo.La Historia se sitúa en la ciudad de Nueva York en los años cuarenta y cuenta sobre una familia de la mafia siciliana. La película me atrapó desde el principio, pero aunque estuve muy atenta, no dejé de tener pensamientos recurrentes sobre mi país.

Desde la primera aparición de Don Vito Corleone en la pantalla, pensé: “¿cómo serán los jefes de los cárteles de droga mexicanos? ¿Cómo hablarán? ¿Cómo se vestirán?”.

Regresé a la película…  ¡la hija de Don Corleone se estaba casando! Y para animar la boda estaba Johnny Fontane, un cantante impulsado a la fama por la suerte de ser ahijado de Don Vito…De pronto, otra vez  me encontré pensando: “híjole ¿Cuántas bandas de música mexicana han sido relacionadas con el narcotráfico? ¿Cuántos grupos  rinden tributo en sus canciones a las drogas y a las armas? ¿Todo el mundo sabe lo que es ó ha oído un narcocorrido?”.

Fijé nuevamente mi atención en la película y me sorprendió como no reconocí a Diane Keaton en el papel de Kay Adams. En la siguiente escena Michael Corleone está planeando con su hermano Sonny y Tom Hagen el asesinato del capitán McCluskey, un policía corrupto y aliado a los adversarios de la familia Corleone.  ¡Corruptos! resonaba en mi mente y en un instante -ya un poco  resignada a desviar mi atención de la historia- me acordé que no hace mucho se leía en los periódicos: “El presidente mexicano, Felipe Calderón, admitió ayer durante una sesión de preguntas parlamentarias en el Senado que -según un estudio realizado- casi la mitad de los policías municipales y nacionales son No Recomendables“.  Otros decían: “La policía y los cuerpos de seguridad de México son los segundos más corruptos del mundo, según la Organización Transparencia Internacional”. En México –seguí pensando- la gente tiene miedo de denunciar los secuestros, los robos, nadie acusa, todos desconfiamos.

La película seguía corriendo: malos negocios, venganzas, decenas de asesinatos en una lucha entre cinco familias mafiosas por el poder.  ¡Es como estar oyendo las noticias! me apresuré a pensar.  La guerra ensangrentada por el poder entre el Cártel de Sinaloa,  el Cártel de Juárez, el Cártel del Golfo, el Cártel de Tijuana, La Familia Michoacana y Los Zetas. El año 2009 fue el más violento de la última década de México. Con la guerra declarada contra el narcotráfico por parte del Gobierno, en los últimos cuatro años se han registrado cerca de 16 mil 205 muertes vinculadas al crimen organizado en todo el país. ¡16,205 muertos! más de la mitad de los habitantes del país de San Marino.

México somos un país con más de 106 millones de habitantes. Uno de los 11 más poblados del mundo. Los medios de comunicación nos avisan todos los días de los avances en la lucha contra el narcotráfico y la corrupción: cae un jefe de cárteles, cae un policía corrupto, cae un juez. Parece no tener fin;  por cada uno que atrapan, se descubre que hay otros diez más involucrados… ¿Cuántos de los 106 millones estarán realmente libres de corrupción?

Terminé de ver la trilogía de películas. Al final sentí que me escurría una lágrima… ¿Acaso bostecé? ¿Me sentí conmovida por el final? ¿Fue por mi país?

Anna: http://elmundodeanita.wordpress.com/

Nota de Vir: al hilo de este artículo he estado revisando la página de Transparencia Internacional. Muy interesantes los resultados de su último estudio sobre la corrupción en el mundo

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Hay mucha gente que también se hace millones de preguntas… Últimamente tengo la suerte de que me las regalan y me ayudan a seguir cuestionándomelo todo. Como hace en este post Beatriz, el último regalo para Quieroentenderelmundo

Esta semana hemos escuchado la noticia de la liberación por parte de los piratas somalís de la tripulación del pesquero Alakrana. Es una muy buena noticia para todos, sobre todo para los 36 navegantes del atunero vasco y sus familiares que han estado sufriendo durante casi dos meses. La actuación del Gobierno no ha estado muy clara en este proceso y ha sido y es criticada, aunque hoy eso no es lo importante, hoy estamos de celebración: lo primordial es que nuestros hombres vuelven a España, vuelven por fin a sus casas, ya se acabó la pesadilla.

Sin embargo, aunque estoy contenta por ellos, por todos, me surgen varios interrogantes que no me dejan disfrutar del todo de esta liberación. ¿Qué pasa con los piratas? ¿Volverán a hacer lo mismo? ¿Nuestros pesqueros tendrán que ir siempre con protección como han empezado a hacer ya para poder salir a realizar su trabajo diario? ¿Nadie se pregunta por las causas de todo esto? ¿Nadie quiere resolver el problema realmente e ir a la raíz de la cuestión? Es duro, pero posiblemente Somalia no le importe a nadie como lleva sucediendo ya desde hace décadas. Solo sus piratas y en momentos muy concretos y puntuales.

¿Es qué nadie quiere saber qué pasa en Somalia y de dónde viene el conflicto? ¿Nadie quiere ayudar a las personas que viven allí y no tienen intereses políticos ni económicos ni ansias de poder y por eso huyen de los enfrentamientos que los señores de la guerra provocan una y otra vez? Tal vez interese el conflicto allí. Posiblemente haya mucha gente que viva de él e incluso lo nutra. Somalia tiene una situación geográfica estratégica tanto para hacer negocios como para otro tipo de intereses a nivel internacional. A principios de 2007 Estados Unidos intervino militarmente en este país. Posiblemente ya nadie lo recuerde. Tal vez querían lograr lo mismo que en Afganistán e Iraq (caracterizados por el caos y el estado colapsado). ¿Cuándo va a preocuparse alguien de acabar con este Estado fallido?

Beatriz Revilla (http://bearegu.wordpress.com/)

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foto tomada de rodadas.net

Alicia es mi bloggera favorita y la tercera “estrella invitada” de este blog. En este post, nos da unas lecciones de enfoque a la hora de entender el Mundo.

 

Una de las cosas que he aprendido viajando en bici es que hay mucha más gente buena que gente mala en el mundo.

 ¡No! ¡En serio! No me he vuelto loca.

En mi defensa he de decir que no soy la única que piensa eso. Casi todos los que han viajado lo suficiente comulgan con esta idea.

No lo digo muchas veces en voz alta porque cuando lo he hecho he recibido miradas irónicas acompañadas de una media sonrisa por parte de mi interlocutor que solo puedo interpretar como que piensan que soy idealista, ingenua, joven e inexperta, idiota o directamente todas esas cosas juntas.

Y es difícil culparles. Si uno pasa tiempo consumiendo medios de comunicación es muy posible que haya llegado directamente a la conclusión contraria: es decir, que el mundo es un sitio peligroso en el que vivir y salir a explorarlo solo puede tener un resultado –la muerte—. Viajar consiste en averiguar con qué grado de sadismo puede ésta ocurrir.

En la tele vemos casi todos los días noticias de asesinatos en masa llevados a cabo por locos, fanáticos o mafiosos; prostitución, drogadicciones, robos de guante blanco, suburbios en los que uno no para en los stops y desgracias de muy variados pelajes cuya intensidad y morbo va en crescendo.

No niego que las desgracias y los seres malvados existan, pero lo que uno ve en la tele no es el mundo. Lo que uno ve en la tele es una pequeña parte del mundo (solo aquella ínfima parte en la que ese día ha ocurrido algo) vista a través de los ojos de un trabajador asalariado que cobra más o menos dinero dependiendo de la cantidad de gente a la que sea capaz de llamar la atención.

 Cuando uno se pone a nivel de calle y empieza a recorrer el mundo se da cuenta de varias cosas:

 a) Las personas no son iguales a los pueblos y los pueblos no tienen nada que ver con los gobiernos. Es decir, en Irán hay un gobierno dictatorial, pero eso no quiere decir que sus habitantes sean dictadores o personas perversas. Solo quiere decir que tienen un mal gobierno. En la tele, sin embargo, solo aparecen pueblos y gobiernos y raramente personas.

 b) Que la gente no reaccione como esperas no significa que sean mala gente. Posiblemente solo signifique que hay un choque cultural entre tú y ellos. Es decir, lo que para ti es un signo de educación para un francés puede ser un signo de pereza o avaricia. Lo que para ti es algo desproporcionado o ruidoso, para otro puede ser una forma de agasajo. Posiblemente cueste entender esto porque en la tele solo escuchamos un lado de la historia: el del reportero que viene de nuestra misma cultura.

 c) En general hay un problema de expectativas. Los medios, la sociedad de consumo enseñan a esperar mucho y rápido (por ejemplo, perder 5 kilos en tres semanas), pero el mundo funciona de otra manera.

Cuando pasas muchas horas encima del sillín de una bici descubres que la vida no está hecha de momentos grandes sino más bien de momentos pequeños, como el olor de la tierra recién regada; una conversación casual con alguien que conociste mientras esperabas fuera del supermercado; o un corzo que se cruza en tu camino mientras atardece.

De la misma manera, la generosidad de la gente rara vez se expresa en grandes gestos, si no más bien con pequeños: los que te sostienen la puerta del metro para que entres, los que corren detrás de ti para devolverte algo que se te ha caído o te ofrecen un sitio donde dormir cuando llueve y no hay nada donde refugiarse en kms a la redonda. Y todos los días, sin querer, recibimos decenas de estos gestos.

Sin embargo esperar que los demás hagan eso es un error. Porque la generosidad no se pide, solo se recibe. Si se esperan continuamente cosas de los demás solo puede llegar a una conclusión: el mundo está lleno de egoístas; cuando en realidad debería llegar a otra: quizá soy tan egoísta que no me pongo en el lugar del otro: ¿pueden los demás hacer lo que yo les pido?

 

Así que si viajas en bici alguna vez, quizá llegues a la misma conclusión a la que yo he llegado. Que el mundo es un lugar bueno, lleno de gente generosa y amable, que piensa distinto pero siente igual que tú y que no siempre está en disposición de darte lo que tú quieres o necesitas. Eso no les hace malos o egoístas, sino simplemente humanos.

Pero no se lo digas a nadie porque pensarán que eres idealista, ingenua, joven e inexperta, boba o directamente todo eso junto.

Por Alicia (www.rodadas.net )

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Un nuevo post de una de mis más queridas estrellas invitadas…

086

El otro día participé en una jornada sobre inclusión social en Galicia. A este encuentro asistieron algunas personas que forman parte de los equipos de inclusión sociolaboral de la Xunta de Galicia. Nada más llegar ya se respiraba conflicto entre estos trabajadores y el gobierno autonómico, que también participaba en esta jornada, ya que –al parecer – la Consejera de Trabajo y Bienestar Social los calificó hace unas semanas de “enchufados”.

El acto inaugural transcurría con toda normalidad hasta que le tocó a la Secretaría Xeral de la Consejería. Mientas que intervenían, los trabajadores se levantaron (sin mucho ruido y de forma muy respetuosa) y mostraron sus pancartas de protesta para comunicar su desacuerdo con la situación.

Mientras, incómoda e impasible, la Secretaría Xeral continuaba con su discurso tan bien construido, tan preparado, tan impersonal… Yo intentaba con todas mis fuerzas prestarle atención, pero sus palabras “compromiso”, “respeto”, “lucha contra la exclusión” me mareaban y perdían significado y sonaban a hueco.

Todavía no sé bien quién de las dos partes tenía razón – siempre hay dos versiones de una historia –. Lo que está claro es que en algún momento, mucho antes de la declaración de la Consejera, se rompió la comunicación y el entendimiento entre las dos partes. Resultado: ese grupo de personas quedó in-comunicado y tuvo que encontrar otro espacio y otras formas para canalizar sus opiniones e inquietudes.

Y aunque yo formaba parte de los organizadores del encuentro, me alegré de que estuviesen allí, de que nos hiciesen sentir incómodos y de que en cierto modo se visibilizase la voz y la opinión de las persona que luchan por su causa. No obstante, no me sentí orgullosa: nuevamente vi como triunfaba la comunicación violenta…

A.C.M

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