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Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Esta mañana un hombre aparcaba su coche y el de detrás, esperando más de lo que le gustaría por lo complicado de la maniobra, ha comenzado a pitar. Cuando finalmente ha podido pasar y ha estado a la altura del primer conductor, le ha echado una mirada de auténtico odio. ¿Qué pretendemos cuando lanzamos esas miradas?

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El enemigo en casa

-Cabrrróon. Adúuuultero. PUTERO – una pausa. La mujer toma aire- P-U-T-E-RO, putero-putero-putero-putero-putero- esta última retahíla de insultos la encadena y la escupe como por una ametralladora, aunque diferente, porque el tono sube en cada nuevo “putero”. El último es un chillido agudo. Casi como un grito de espanto.

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Palacio de justicia de Perú

Hablábamos de tener hijos y mi amiga estaba convencida de que ella iba a tener mala suerte en eso. Cree que ha tenido ya demasiada buena fortuna en la vida: naciendo en España, con una famillia maravillosa… nunca le ha faltado el trabajo, ni la salud ni el amor y, por lo tanto, cree que una especie de Justicia Natural debería equilibrar la balanza y hacer que algo le salga más.

Me pareció un extraño sentido de la justicia el suyo, pero, pensándolo bien me di cuenta de que este sentido abstracto de lo que es justo o no es, en realidad, bastante común. Creemos en una Justicia natural y universal que es sencilla y generosa: la gente buena merece cosas buenas, el esfuerzo merece recompensa, el que ya ha sufrido no merece que le vuelva a tocar sufrir. Pero también es egoísta: yo que llevo años preparando una oposición, no solo merezco aprobar, sino que lo merezco más que tú, que apenas te esfuerzas. Si ya te han pasado demasiadas cosas buenas, tampoco es justo, que a los demás también nos toca…

Además, también tiene escalas: es más justo lo que se gana con esfuerzo que lo que la naturaleza te regala, es más justo conseguir lo que se lleva largo tiempo esperando…

Sin embargo, no funciona así la cosa, lo sabemos. Lo que le toca vivir a uno (donde nace, su físico, su inteligencia, sus oportunidades en la vida) dependen de la suerte, del azar, de Dios, y de lo que uno mismo hace… No hay un cupo de cosas buenas equilibrado con un cupo de cosas malas. No existe esa justicia natural que creemos merecer, en la que nos consolamos o con la que nos desahogamos (cuando decimos, “no es justo”).  Por eso hay personas a las que les pasan cosas tan terribles como morir de hambre.

Sin entender nada de leyes, supongo que muchas veces la Justicia humana trata de compensar esa Injusticia natural: protegiendo los Derechos fundamentales de las personas, y también sus Derechos ciudadanos.

Así, es lógico que cuando una persona ha sido víctima de una gran injusticia del destino – nacer en un país pobre, o en guerra, por ejemplo- la Justicia humana trate de ser ella misma quien equilibre la balanza: acogiéndole en un país, dándole unos derechos y tratando de asegurr su dignidad como persona.

Cierto amigo mío dice “no es justo, mi hijo tiene más derecho a ir a la guardería que el niño inmigrante al que reservan la plaza”. Me gustaría que pensara en esto de las grandes injusticias naturales. Yo le diría, “no, querido, lo que no es justo es que por su nacimiento haya personas condenadas a una vida de pobreza, sufrimiento o marginación. Lo que no es justo es que los seres humanos no hagamos nada para equilibrar la balanza“.

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El El fin de semana pasado estuve de viaje. Nos alojamos en un hotelito rural de esos que acabas tomando una copa por la noche con los dueños del hotel. Él, un hombre curtido, que ha vivido en más de 10 provincias españolas y en 5 países de tres continentes. Hablaba del nacionalismo – catalán, sobre todo- como de una enfermedad que afecta solo a los que no han vivido en otros lugares del mundo, a algunos que ni siquiera han salido de sus provincias. Una enfermedad que les condena a un estado de ignorancia y de cierre del entendimiento…

Su explicación del nacionalismo me pareció simplista pero, en cierto modo, no podía dejar de pensar que llevaba parte de razón… Eso hasta que empezó el partido de futbol en la tele y, movido por no sé qué sentido de la oportunidad, le salieron un par de “negro de mierda” “eso nos pasa por fichar muertos de hambre…”.  Me quedé de piedra, no me lo esperaba…

 Muchas veces pensamos que el racismo y la xenofobia son en buena parte consecuencia de la ignorancia. Son una forma simplista de ver el mundo, que lo divide entre “nosotros y lo nuestro” y “los otros”. Que nos ayuda a afirmarnos en nuestra cultura y en nuestro perfil antropológico y a culpabilizar a los demás de los males de la sociedad. Pero ya no estoy tan segura.

 Navy Pillay, alta Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, se quedó estupefacta del trato que inmigrantes y gitanos reciben en Italia. Dijo que este era más propio de un país subdesarrollado que de uno de los países más ricos del mundo… Mientras, Estados Unidos alerta del aumento del racismo y la xenofobia en Europa y en España, el Observatorio de Racismo y la Xenofobia alerta de que el 47% de los españoles tiene una imagen negativa de los extranjeros, aunque Corbacho lo niegue

 ¿Estamos destinados a un aumento del racismo y la xenofobia en las sociedades desarrolladas? ¿cuánto más nos desarrollemos más diferentes nos sentiremos de los otros? ¿o estos desalentadores datos y hechos son solo consecuencias de la mala coyuntura actual?

Las dos opciones me dan miedo.

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El Día Internacional de la Mujer – me gusta más que “Día de la mujer trabajadora” conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona. ” Un amigo dice en Facebook:

Malo que las mujeres tengan un día, eso quiere decir que hay mala conciencia con ellas y un camino que recorrer para que exista igualdad real con los hombres. Ojalá que dentro de pocos años no necesiten ningún día, porque eso significará que no hay nada que reivindicar.

Yo tengo suerte, nunca me he sentido directamente discriminada por ser mujer. Pero no por ello soy tan ingenua de pensar que la discriminación de género no existe en mi país, que es cosa de países empobrecidos, o que nuestra cultura lo tiene superado. Así que, una vez más, he buscado en la publicidad el reflejo de los estereotipos discriminatorios y del machismo en nuestra sociedad.

1. Bueno, se ha avanzado mucho desde anuncios como este. También lo ha hecho la sociedad. Incluso la regulación de la propia publicidad lo ha hecho, ya que la Ley General de Publicidad se ha actualizado para incluir la prohibición de”“los anuncios que presenten a las mujeres de forma vejatoria, bien utilizando particular y directamente su cuerpo o partes del mismo como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar, bien su imagen asociada a comportamientos estereotipados que vulneren los fundamentos de nuestro ordenamiento coadyuvando a generar (esa) violencia”.

2. Además, lo políticamente correcto vende, y muchas empresas introducen en sus mensajes tímidos intentos de igualdad. Hay marcas que incluso apuestan abiertamente por la Igualdad como estrategia de posicionamiento. Como Puntomatic. Y la cosa les salió francamente bien. Al menos desde el punto de vista económico.

3.  Sin embargo, ¿crees que la publicidad se ha hecho igualitaria? Es verdad, los papás van a buscar a sus hijos al cole, los hombres han entrado en las cocinas de la publicidad. Pero, ¿quién prepara la leche a los niños? ¿quién limpia sus manchas? ¿quien tiene que comerse los cereales bajos en calorías para conservar la línea? Ojalá la publicidad dejara de limitarse a reflejar la realidad, entrara de una vez en el juego de la Igualdad y nos ayudara a cambiar la sociedad

4. O, por lo menos, que no nos hicieran alucinar de vez en cuando con imágenes y situaciones que creíamos tener totalmente superadas.

El otro día una amiga me comentaba que no entendía la que se ha montado con el famoso anuncio de cerveza de París Hilton. “Es publicidad”, me decía, “no es para tanto. Además, lo veo bastante parecido al anuncio antiguo de La hora Cocacola Ligth. Lo que pasa es que, como era un hombre el que era tratado como un objeto sexual, pues no se ve mal”.

Claro, pues eso, le dije yo. Será porque los hombres no tienen que luchar para dejar de ser considerados inferiores o limitados. Porque ellos no han sido tratados como objetos, ni como adornos, porque han tenido sus derechos ciudadanos desde siempre… No podemos permitir que porque la ley nos dé los mismos derechos que a los hombres, nos olvidemos de que aún no existe una Igualdad real en nuestra sociedad. Y mucho menos en otras.

Y mucho menos hoy… Felicidades a todas las mujeres

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Hace seis meses inicié este proyecto. Pensé en este blog como un espacio de encuentro, como un lugar en el que intercambiar opiniones e ideas acerca de lo que pasa en el Mundo, un blog para mantener conversaciones de sobremesa más allá de los límites de mi salón.

Tengo que decir que la experiencia está siendo realmente enriquecedora. A través de Quieroentenderlmundo he aprendido muchas cosas de muchas personas (En este tiempo, ha habido un total de 242 comentarios, para 49 entradas). He encontrado gente muy interesante, a las que sigo en la distancia desde entonces y cuyos pensamientos me aportan nuevas formas de ver y entender el Mundo.

A modo de resumen, os presento una lista de las cinco conversaciones (de las 49 publicadas)  que más éxito han tenido (por orden en función del número de visitas) en estos meses:

  1. La gente es buena: un regalo de mi amiga y compañera, la gran Alicia, este post es el líder indiscutible del blog. Con portada de Menéame.net incluida. Su publicación, justo es decirlo, marcó un antes y un después en este blog.
  2. Desmontando a Sánchez dragó. En segundo lugar, un post impulsado por las polémicas afirmaciones del escritor acerca del secuestro de los cooperantes en Mauritania.
  3. No me veo capaz: una reflexión sobre las limitaciones de las personas, incluidas las que son clasificadas como “personas con discapacidad”.
  4. No quiero luces de Navidad: un post que pretendía hablar del destino de los fondos públicos pero que acabó en polémicas diversas sobre la religión y sus festividades.
  5. ¿Mejor que no te meneen?: una reflexión sobre el efecto Menéame sobre este blog (y sobre su autora)

    Y de los casi cincuenta post, mis dos favoritos – que no están entre los más vistos – son:

    Bueno, nada más, solo daros las gracias por compartir vuestras opiniones conmigo y con el resto de lectores, incluido un agradecimiento especial a las “estrellas invitadas”, que nos regalan sus post y su visión del Mundo de vez en cuando.

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    Hoy tenemos una nueva reflexión por cortesía de una estrella invitada que se estrena, Gabriela Cárdenas. ¿Somos capaces de ser solidarios cuando afecta a nuestra seguridad? ¿y a nuestra comodidad?

    He acabado hace unos días de leerme un libro que me transportó  a través del tiempo y la distancia a la Barcelona del Medioevo. Una época que me imagino oscura, tanto por el escenario (calles empedradas, estrechas, sucias, poco higiénicas…) como por lo que llegaba a las mentes de sus gentes (la iglesia lo dominaba todo, así que cualquiera que los contradijese era un hereje y podía acabar en la hoguera). La historia tiene algo de inverosímil, porque es difícil imaginar que una persona en esa época pueda acabar cumpliendo el famoso “sueño americano” y pasando de ser un desamparado, desarrapado, a ser un rico prohombre de la ciudad. Sin embargo, atrapa por lo que tiene de superación personal, cómo a pesar de las condiciones de partida, de los contratiempos y zancadillas de la vida, consigue al final construirse una vida ajustada a él mismo. En cualquier caso, lo que más me llamó la atención fue la descripción que hacían de la solidaridad de Barcelona para con sus “ciudadanos” (no todos claro, los judíos, moros y etc., estaban fuera de esta categoría, pero bueno… algo es algo). La forma en la que a la llamada de la “host” acudirán todos, armados y dispuestos a defender sus derechos frente a cualquiera que quisiera usurparlos.

    ¿Somos ahora igual de solidarios? Creo que no, y creo que ese egoísmo está minando en parte lo que nos define como personas sociales, entendidas como aquellas que formamos parte de la sociedad.

    En los mismos días en que leía esta historia, alrededor de una mesa, en medio de un ejercicio de Ingles, la profesora nos preguntó si habíamos sufrido o  sido testigos de un robo y se interesó por nuestra reacción. De las seis personas que estábamos alrededor de la mesa, fui la única que dijo que si veía a un ladrón intentando aprovecharse de un pobre incauto hubiese hecho algo por alertarlo. Los demás lo consideraron arriesgado. Que lo es, lo sé… no me considero especialmente valiente, al contrario. Pero tampoco me gusta ser testigo de la injusticia y no ser capaz de decir nada, la solidaridad que demuestras con los demás la considero una responsabilidad. Y me gustaría que si me están robando (por mencionar un evento digamos, no extremadamente grave) alguien se solidarice conmigo y me avise, no que todos desvíen sus miradas hacia otro lado y literalmente hagan de la vista gorda.

    Si nos comportamos así en situaciones leves, como los hurtos pequeños de los que todos hemos sido víctimas en el metro ¿Qué se puede esperar de nosotros en situaciones peores? Lo peor.

    Porque esto me lleva al recuerdo de un hecho bastante más “feo”, me lleva a la percepción que se ha construido en Colombia alrededor de los desplazados internos del conflicto armado (Colombia tiene alrededor de 4 millones de personas en situación de desplazamiento forzado).

    Un cierto día, que había cogido un transporte público en Bogotá, veo que el conductor se desvía de su ruta y empieza  zigzaguear por la ciudad. Preguntado por todos los pasajeros de la razón de esta inusual ruta nos responde que un grupo de desplazados están manifestándose en la plaza X y que está intentando esquivarla. Esta respuesta origina la siguiente reacción en una persona (mujer, 40 años, clase media, probablemente habitante de la ciudad toda su vida) “!!pero esta gente!!! ¡!Que dejen se ser vagos y se pongan a hacer algo!!! ¡!Que trabajen y nos dejen trabajar a todos!!!” os puedo asegurar que este comentario es prácticamente literal, porque me golpeó de frente … lo único que pude fue pensar “seguramente tú desde la comodidad de tu vida en esta ciudad nunca has visto como llegan personas armadas a tu casa, matan a tus seres queridos, se llevan lo poco que tienes de valor y si has tenido la suerte de escapar con vida, de pronto de encuentras con que no tienes a donde volver, que no tienes nada y que no tienes a nadie para ayudarte. Seguramente no has experimentado ni la décima parte de su dolor, desesperación y desarraigo”.

    Me indignó tanta ignorancia, insolidaridad y falta de empatía.

    Pero no me sorprendió porque al igual que mis compañeros de clase de inglés, reaccionó como reaccionamos muchos, egoístamente, poniéndonos a NOSOTROS en primerísimo lugar.

    Creemos que hemos avanzado con respecto a la edad media, pero hemos perdido lo que tenían los barceloneses de esa época, la capacidad de reacción colectiva para luchar por los derechos de uno de nosotros.

    Gabriela Cárdenas

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